Epilepsia: La mejor forma de manejar esta enfermedad cerebral

Muchas veces hemos escuchado hablar de la epilepsia, pero probablemente no comprendemos sus verdaderos alcances y consecuencias. De esta manera, es fundamental hablar sobre esta enfermedad y acercar su realidad a la población.

Para llegar a una definición comprensible, es preciso decir que es un trastorno cerebral caracterizado por crisis epilépticas recurrentes, sin un desencadenante. Las crisis epilépticas son fenómenos anormales, en los que la actividad eléctrica de las células cerebrales (neuronas) se desorganiza en señales erróneas, que produce actividad cerebral anormal. Esto puede manifestarse de muchas formas, como movimientos o sensaciones extrañas, o alteraciones del comportamiento.

Dentro de las causas identificables, existen las hereditarias/genéticas, que están presentes desde antes del nacimiento; o los daños sufridos en relación a alguna enfermedad que provoque lesiones cerebrales. En el primer caso, la epilepsia se produce por una falla en la formación o funcionamiento de todo el cerebro. El segundo caso puede ser causado por traumatismos, infecciones, accidentes vasculares o tumores, entre otros, donde la “cicatriz” que la enfermedad deja en el cerebro, genera actividad eléctrica anormal, que produce las crisis.

Las estadísticas dicen que afecta al 0,1 – 1% de la población. Esto corresponde a más de 50 millones de personas en el mundo, aproximadamente 5 millones en Latinoamérica; en Chile se estima que afectaría a 150.000 personas, aunque no disponemos estudios locales que lo cuantifiquen.

Considerando esta realidad, el Dr. Wilhelm Uslar, Neurólogo de Clínica Chillán, parte de la red de clínicas de Andes Salud, recibe un promedio de 2 pacientes semanales consultando por esta patología, lo cual se cuantifica entre el 8 y el 10% del total de las consultas mensuales que recibe el especialista. 

¿Desde qué edad puede hacerse presente?

Puede manifestarse a cualquier edad, desde el nacimiento a la vejez avanzada. Los periodos de mayor riesgo de aparición de la enfermedad son la infancia temprana, en relación a problemas en el nacimiento o enfermedades genéticas; y la adultez mayor, en relación a la ocurrencia de traumas cerebrales, accidentes vasculares y tumores cerebrales, entre otros.

¿Qué síntomas evidencian la enfermedad?

Las crisis epilépticas pueden manifestarse de muchas formas, según el lugar del cerebro donde se originen. En general se manifiestan como fenómenos involuntarios, movimientos o sensaciones (táctiles, visuales, auditivas, etc.), de inicio brusco y espontáneo, pudiendo ocurrir o no compromiso de conciencia. Más del 90% de las crisis tienen menos de 2 minutos de duración.

Aunque es frecuente que las crisis epilépticas se manifiesten de forma similar a un desmayo, existen elementos que los diferencian, como la ocurrencia de movimientos involuntarios, la duración del evento, y la velocidad de recuperación de éste. Visto desde otro punto de vista, la mayoría de los desmayos no será de origen epiléptico.

¿Cómo se puede prevenir?

La mayoría de las epilepsias causadas por alguna lesión cerebral se pueden prevenir mediante el control de los factores de riesgo para la ocurrencia de éstas. Esto incluye el cuidado cardiovascular, la actividad física, la dieta adecuada y el correcto control de las enfermedades crónicas; como la hipertensión arterial y la diabetes. Lamentablemente, en general, las causas genéticas de epilepsia no son prevenibles.

¿Cuáles son los tipos de crisis epilépticas que existen?

Existen tantos tipos de crisis epilépticas, como funciones tiene el cerebro; por lo tanto, puede tener manifestaciones motoras, sensitivas, emocionales, entre otras.

Las formas más frecuentes, y evidentes, son las crisis motoras, manifestadas como movimientos involuntarios de grupos musculares. Esto puede configurar una convulsión generalizada, que corresponde a la crisis epiléptica más clásicamente conocida. Estas crisis motoras también pueden afectar grupos musculares aislados, denominadas “crisis focales”. En los niños existen algunos tipos específicos de crisis, como las ausencias, en que ocurre una desconexión transitoria del entorno.

¿Qué tratamientos son los más adecuados?

El tratamiento más importante de la epilepsia son los medicamentos antiepilépticos, que son fármacos que disminuyen la probabilidad de actividad eléctrica anormal en las neuronas cerebrales. Existen muchos tipos, con distinta efectividad según el tipo de epilepsia, y con distintos perfiles de riesgo y efectos adversos; todo esto debe considerarse al momento de elegir el tratamiento, por lo que éste debe ser controlado periódicamente por el neurólogo.

Con un tratamiento adecuado, el 70% de los pacientes logrará estar libre de crisis, el resto seguirá teniendo crisis, pero los medicamentos disminuyen la frecuencia e intensidad de éstas.

Aproximadamente el 10% de los afectados puede ser candidato para otros tipos de tratamientos asociados, como la dieta cetogénica (muy baja en azúcares y alta en grasas, coordinada por especialista en el tema), otros serán candidatos a cirugía para la epilepsia, lo que debe definirse con estudios avanzados, en centros especializados.

DR. WILHELM USLAR

Neurología Adulto